Literatura
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Sergio Oiarzabal
nos fue arrebatado por la muerte avariciosa, el 12 de junio, mientras dormía en
su casa de Rekalde, su amado barrio. Tenía 36 años.
El cielo Bilbaíno se volvió plomizo y decretó su duelo: cuatro días de llanto inconsolable, ininterrumpido, mientras su larga melena de ría queda rugía con furia desgarrada.
Bilbao se volvió gris como el corazón de quienes hemos tenido la fortuna de conocerlo. La incredulidad, la rabia y el dolor se fundían en un desgarro irreparable, y una gran marea humana se congregó en la iglesia de Rekalde para brindarle un emocionado adiós mientras sus versos nos recordaban: No finaliza el viaje. No. Yo nazco, nací, yo nazco en la palabra. Ella es el carmín rojo de los deseos.

Era miembro de la Asociación Artística Vizcaína, en la que participaba activamente.
Las conferencias “Principales movimientos poéticos desde el renacimiento hasta nuestros días” y en homenaje a Miguel Hernández “Revisión de su obra poética” así como la presentación de su poemario Delicatessen Underground (Bilbao ametsak), han sido algunas de sus más recientes intervenciones.
Nuestro dolor se une al de su
familia y amigos y se hace universal en el corazón de quienes aman la poesía,
porque la pérdida de Sergio nos priva de un genio de la palabra. Era un poeta
mayúsculo, un creador irrepetible, con voz propia, que nos ha regalado poemas
excelsos, vitales, arrebatados, donde la luz y la belleza de sus imágenes
incomparables, nos sumergen en lo más sublime del amor cósmico, lidiando siempre
con el desgarro del dolor, la soledad, la muerte y con su amado Bilbao al fondo
de casi toda su obra. Escribía ante todo por placer, quizás porque en esa
parcela se sentía libre, seguro, y daba rienda suelta a esa energía vital que a
borbotones de creatividad y genialidad brotaba de su alma y se plasmaba en su
poesía.
La personalidad de su obra, le coloca en el colofón más alto de los poetas de su generación, adjudicándole por mérito propio, un lugar entre los inmortales, pues su obra será conocida y degustada por generaciones venideras.
Sergio era Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto, Bilbao. Profesor de Lengua y Literatura Española en Enseñanza Secundaria y Universidad.
Colaborador en medios de comunicación y revistas especializadas de cultura, ocio y literatura.
Autor de los libros: Delicatessen Underground (Bilbao Ametsak). Madrid: Masmédula Ediciones. 2008.
Flammis Acribus Addictis.
Colección Poesía. Alicante: Instituto Alicantino de
Cultura, Juan Gil-Albert, y Diputación Provincial de Alicante. 2005.Su obra fue reconocida con numerosos premios, entre ellos:
Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández. Por la obra “Flammis Acribus Addictis” (2003).
· Mención extraordinaria en el I Concurso Mundial de Poesía Erótica, Casa del Poeta Peruano, Lima, Perú. 2008.
· Finalista del Premio Nacional Obra Social Caja Madrid, La Voz + Joven. 2008.
· Premio Universidad de Deusto, Bilbao. Por fragmentos de las obras “Por Mucho que Quiera el Misterio” (2000); “Al Dictado de una Insurrección” (2001); y “Flammis Acribus Addictis” (2002).
· Premio Universidad de Deusto, Donostia-San Sebastián. En 1999; y en 2001 por la obra “Al Dictado de una Insurrección”.
· Premio Iparragirre por las obras “Prohibido” (1995) y “Camaleón” (1999, Ex-aequo); y por fragmentos de la obra “Por Mucho que Quiera el Misterio” (2001).
· Premio Asociación Artística Vizcaína, Bilbao. 1996, y 1997.
Colaborador activo de la PLATAFORMA 29 DE JUNIO en pro de la memoria del poeta Blas de Otero, con el objeto de la materialización, 30 años después de su muerte, de una edición de sus Obras Completas, así como una biografía del mismo.
En su blog se está recibiendo una marea imparable de poemas, testimonios de admiración y cariño, así como un creciente impulso para reivindicar el reconocimiento oficial a la categoría de su obra, que le coloca, cuando menos, a la altura de los más grandes de nuestra ciudad. Movimiento al que nos adherimos efusivamente.

Blogs, poemas, artículos publicados en diversos medios de comunicación, etc. dan fe de su relevancia humana y poética.
No te has ido, Sergio, vives en la palabra que generosamente nos has regalado, ahí te encontraremos siempre, recreando la verdadera dimensión de tu alma.
HASTA SIEMPRE COMPAÑERO.

(enviad vuestro poema a marinaciros@hotmail.com)
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Recuerdo y despedida de Sergio Oiarzabal
AGUR AMIGO
El viento me trajo tu voz, el grito,
cabalgando sobre un animal para mí desconocido;
atravesó el bosque sin mirar a ningún lado,
tus lágrimas pendían de las hojas,
allí hacían nido;
las ramas, como garfios, abrían luz entre las nubes
buscando compañía, oídos atentos, la cercanía
de un Dios inmortal que te escuchara.
El mar, con su trompeta de siglos, me acercó
tu despedida, tu adiós viajando en una tabla
sobre olas en pos del infinito, sobre la espuma,
en los bucles dorados, verdes, irisados, azules
como el oro de los días.
Te soñé viajando por el aire,
como un enorme albatros, con delfines a los lados,
un bosque de amapolas en las alas y los ojos
por la ilusión llenos de lágrimas dulces,
sin la sal de cada día, lúcidos, sin el cansancio
de los años de pelea, de inciertas y abismales
noches de estrelladas soledades y de dolor,
de oscuras estancias, negras como grutas
sin salida, sin aire limpio, sin una voz
al fondo amiga.
No me viste, veloz como emprendías,
mas agité el aire con mis manos,
te lancé un recuerdo, el abrazo de aquel día,
mi dolor en una lágrima contenido, mi respeto,
mi amor amigo;
y te pensé en el banquete con un anillo
de oro blanco en uno de tus dedos,
y la túnica blanca que querías,
y los zapatos nuevos.
Los pájaros dejaron sobre mí guirnaldas
de tus versos, y escuché el concierto
que guardabas en tus dedos, la orquesta
escondida en tus palabras, el murmullo
de tu verbo.
Una nube de hadas blancas, de violines
de lluvia, de caballos indomables, de toros
bravos, de barquitos de papel, de elefantes
de trapo, de corales, de niñas traviesas
en columpios de humo y de pequeños panes
blancos, clausuró el infinito y me quedé
mirando al cielo, solo, ya si ti, amigo,
besando los verdes labios de tu tiempo
que se ha ido.
Agur amigo.
Carlos “Launaz”
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A SERGIO OIARZABAL (siempre en el corazón)
Una estela de luz marcó tu huella
cuando con ansia te abrazó la muerte;
nada tuvo el poder de retenerte
en tu vuelo final hacia una estrella.
Con manos de coral, una doncella,
de pétalos sembró tu cuerpo inerte,
y un eco enardecido clamó fuerte
alzando hasta la cumbre tu voz bella.
Un desgarro letal como una herida
traspasa el corazón de la palabra,
mientras llora Bilbao en tu ventana.
No morirá tu voz amanecida
que liba el colibrí y el rayo labra
porque es el carmín rojo del mañana.
Marina Pérez
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A SERGIO OIARZABAL
(Desde la admiración y la amistad)
Naciste de la albura como los astros nuevos.
Creciste en la palabra.
Te fuiste con la luz, con el manantial de tus versos;
fondeaste en las playas remotas, en los alfabetos de la noche.
Te persiguen los años no vividos, los renglones desiertos,
las mujeres que te hubieran amado.
Ha enmudecido el viento,
el que iba esparciendo tus poemas,
el que quiso ser las palabras que tú encadenabas.
Ahora las agujas se han detenido en la llanura de los tiempos
y no puedo dejar atrás el celaje de la tristeza.
Escribo sin brújula, plegadas las alas,
bajo los tintes lóbregos de la noche,
mientras llueve tu ausencia
y maldigo los designios tiranos de la muerte.
Leo tus poemas
y vuelvo a sumergirme en las aguas de una cercanía sin límites,
vuelvo a sentir que son luminosos como el estío,
hondos como las raíces de los sentimientos,
nuevos como las estrellas que aún no han nacido.
Sé, que por muchos otoños que sepulte la tierra,
tú seguirás vivo
porque tu poesía se escuchará en todos los cenáculos,
madrugará en todos los orientes,
resonará en todos los acantilados.
Miguel Cuadrado
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Miguel Hernández: APOLOGÍA DE ILUMINACIÓN
Siempre que pienso en él o recibo alguna carta suya, una mano felina entierra un corazón doble en un maniquí tras la tormenta, alguien yergue una espada de conchas a favor de su paso, y los niños vestidos de morado hallan un abecedario nuevo en la página 47. Como decía, me es imposible disociar su persona de aquellos quienes pudieron salvarle. El mes pasado, uno de esos terribles que comienzan por L, le encontré sembrando relojes y semen y estrellas tras las paredes del convento, más tarde le acompañé hasta casa, no me veía, y al cerrar la puerta se revistieron de espuma las hojas y el girar de los planetas, los corderos murieron de estallido y negrura, y alguna que otra princesa besaba ranas con las uñas pintadas de éter en un terciopelo lejano. Según las últimas declaraciones a prensa, goza de un brutal peso de tres atmósferas doradas sobre sus turbadores hombros, soportan sus manos de hormigueros y arena las brasas del octosílabo viejo, y prolonga más allá de los límites su melena indómita, ardiendo, un Universo de interiores mayestáticos que no podrá acabarse nunca, no al menos en las trincheras que una mar cósmica, embravecida, sortea ya innegable. Me dijeron después, en 1878, que en su pueblo le cerraban las puertas, que era escupido en mitad de la plaza, que ya nadie entendía su voz primorosa de altos vuelos; entonces lloré, se detuvieron las palabras. Lloré los puntos cardinales de los orígenes subterráneos y la pobreza, se detuvieron las palabras. No pude evitar que aquel llanto precipitase una riada nueva llevándose consigo el verde panegírico prado de mis ojos, se detuvieron las palabras, y todas, de todas las lenguas, acudieron volando a su alma, tierra mágica espejismo, dejando por un momento todos los libros en blanco, todas las bocas insomnes, para ser, ser en fin, solo ser, bienvenidas en el central ardor bajo sus congénitas cinco letras de espacio temporal sin fondo.
Sergio Oiarzabal